Mi experiencia

Todo esto está muy bien, pero... ¿quién soy yo?

Me llamo Álvaro, tengo 27 años y soy madrileño con raíces cordobesas.

Dos de mis principales defectos es que se me da mal ahorrar, y que me encanta la comida rápida pero no el gimnasio.

Soy una persona inconformista, curiosa por naturaleza y con espíritu viajero. 

En septiembre de 2017 decidí empezar mi propio blog y me levanto cada día con ilusión y ganas de trabajar en algo que me apasiona.

Pero esto no siempre ha sido así.

He estado bastante perdido en la vida, no sabía qué hacer, en muchos momentos no sabía hacia dónde ir, tenía mucha presión por decidirme y encontrar mi sitio.

TE INVITO A HACER UN RECORRIDO POR MI VIDA, Y A DESCUBRIR CÓMO LLEGUÉ HASTA AQUÍ

Si estás interesado en un apartado en concreto, simplemente pincha sobre él y te llevará a la sección completa. Si, por el contrario, te apetece leerlo todo, no te olvides de las palomitas y acomódate, ¡que esto empieza!

1. “No sé qué hacer con mi vida”

Nací en el 91 y fui la última incorporación a la familia, es decir, el pequeño de tres hermanos. Y bueno, aunque a veces me hayan utilizado como conejillo de indias y me la hayan liado, en realidad les sigo queriendo.

Los tres mosqueteros

A los 5 años empecé en una academia de música y a los 8 decidí que el piano sería mi instrumento.

Aún recuerdo las audiciones donde me sentaba frente al piano, tocaba una pequeña melodía de 20 notas y todo el mundo, especialmente mis padres en primera fila, me aplaudía y elogiaba por lo bien que lo había hecho.

¡Qué fácil era ganarse a la gente por aquel entonces! 

Desde que era un mico y hasta 2014, cuando terminé la carrera, podría decirse que me dejé llevar por lo que está establecido.

Colegio e instituto con alguna actividad extraescolar (piano en mi caso), bachillerato, pensar qué te puede gustar y elegir una carrera en consecuencia, y acabar la universidad con un título en la mano.

Todo perfecto, ¿y ahora qué?

Confieso que nunca me planteé salir de ese ciclo, no estaba muy conforme porque me estaba dando cuenta de que igual no estaba haciendo lo que realmente quería, igual no había escogido bien mi carrera, o igual no quería hacer una carrera.

Pero tampoco era algo que me disgustara, simplemente me dejé llevar.

Y ahí estaba yo, siendo ingeniero químico y con el título del conservatorio en la mano,  ¿cuál sería el siguiente paso?

Pues dos opciones, buscar trabajo de lo mío o hacer un máster, ¿no?

Pues en ese momento me di cuenta que no, que verdaderamente no quería hacer eso porque no tenía nada claro qué hacer con mi vida.

Y por eso pensé que lo que debía hacer era explorar más opciones, poder elegir entre un abanico más amplio, y posteriormente decidir, pero decidir a conciencia.

2. Viajando por Europa sin dinero

Así que opté por la idea de irme al extranjero, siempre había oído que viajar te abre la mente, y eso era lo que yo necesitaba.

Pero irme al extranjero, ¿a hacer qué? Empecé a buscar alternativas ya que no estaba preparado para irme mucho tiempo, era la primera vez que iba a salir de España y no me sentía muy seguro.

Por suerte tenía algo de dinero ahorrado por si lo necesitaba, ya que durante la universidad trabajé de forma temporal en VIPS, Burger King, y también como azafato en eventos.

Fui a preguntar a organizaciones y centros juveniles pero no me ofrecieron demasiada información, así que empecé a buscar por mi cuenta y descubrí los cursos subvencionados.

Duran unos 10-15 días e incluyen alojamiento, comidas y gastos de transporte 

Al principio desconfié de estos cursos porque están 100% subvencionados, ya que te pagan hasta los billetes de avión.

Demasiado bueno para ser cierto.

Pero finalmente envié mi solicitud porque era la mejor opción para viajar sin dinero, visitar otros países, conocer gente y practicar inglés, sabiendo que en un par de semanas volvería a estar en casa.

El primero fue en Italia, en octubre de 2014, e iba con muchos nervios, puesto que además de ser mi primer viaje al extranjero, ¡era la primera vez que cogía un avión!

Foto de grupo del curso de Italia

Durante el curso hicimos varias actividades, pero también tuve mucho tiempo libre para conocer a mis compañeros, para hacer turismo y explorar la ciudad.

También organizábamos las llamadas noches culturales, donde cada país muestra su cultura, bailes, y comida típica. Siempre aprovechábamos para continuar la fiesta tomando algo fuera.

Cuando el curso terminó, me di cuenta que tan solo había invertido unos días de mi vida, pero sentía que había crecido mucho a nivel personal.

Sentí que volvía a casa con la mochila llena

Durante ese año, participé en un total de seis cursos por toda Europa, conociendo distintos países, volviendo siempre con una mentalidad más abierta y con nuevas ideas.

Pero, sobretodo, me he llevado bien guardado dentro de mí experiencias increíbles, confianza en mí mismo, y amigos a los que espero volver a ver pronto.

Porque siempre recibes mucho más de lo que das.

Estos cursos me han ayudado mucho a desarrollarme como persona, a afrontar miedos, a conocer mundo y a ver cómo un grupo de desconocidos en unos días podían convertirse en una gran familia.

Y es que una vez que te pica el gusanillo de salir fuera de tu zona confort, y ves lo emocionante que es aprender, conocer, y evolucionar, las ganas de salir y viajar no desaparecen nunca.

3. Trabajar de voluntario en el extranjero

Tras realizar varios cursos de formación en distintos países, quería probar algo distinto.

Tenía ganas de participar en un proyecto social, promocionar la movilidad internacional entre la gente joven y organizar actividades para ellos.

Fue el momento en el que solicité irme a Bulgaria durante un mes, y participar en un programa de voluntariado internacional subvencionado.

No quería estar más tiempo puesto que para septiembre de 2015 ya tenía otros planes, pero desde luego fue un mes muy intenso.

Aquí comparto un pequeño trozo de mi experiencia con vosotros:

”Durante el proyecto preparábamos talleres para los niños, actividades culturales, e hicimos presentaciones en colegios locales, promoviendo los programas de movilidad internacional y la labor de los voluntarios.

Taller de máscaras y pintacaras

Sin ninguna duda lo mejor del proyecto fueron las personas. Los empleados y compañeros del centro juvenil, los niños con los que trabajábamos, y, por supuesto, la pequeña familia de voluntarios que conseguimos formar.”

4. Máster y prácticas nacionales

En septiembre de 2015 y dejando atrás ese año “diferente”, decidí empezar un máster en Valencia. Cada vez tenía más claro que no me veía trabajando de ingeniero químico, no era algo que me llamara la atención.

Había descubierto un mundo de nuevas opciones y posibilidades.

Pero también entendí que había invertido muchos años de mi vida en formarme, y que quizás debería dar una oportunidad a mis estudios. Por eso, busqué un máster que me abriera campo más allá de mi carrera.

El máster estaba enfocado a los sistemas de gestión integral: calidad, medio ambiente y salud y seguridad laboral. Como en la mayoría de los másters, un nombre largo y llamativo.

No quería realizar solo un período de prácticas, estaba empezando en el mundo laboral y quería conocer distintos sectores.

Descubrir qué me podría gustar y qué no

Empecé a buscar ofertas, y pensé en el sector del turismo, un sector que siempre me había interesado, y que tenía muchas ganas de conocer.

Prácticas en calidad hotelera (julio-septiembre 2016): de esta forma, entre las empresas que me habían seleccionado, finalmente decidí coger un vuelo a Lanzarote para trabajar en el departamento de calidad del Hotel Princesa Yaiza.

Fue una experiencia y un trabajo que realmente disfruté, y la verdad que el hotel era increíble.

Hotel Princesa Yaiza en Lanzarote

Prácticas en industria (septiembre 2016-enero 2017): mientras trabajaba en el hotel continué buscando otras ofertas, esta vez en el sector industrial. Aunque a priori no me entusiasmara demasiado, quería probar y ver qué tal me iba.

Después de pasar unas cuantas entrevistas, tenía varias empresas que querían contar conmigo.

La empresa que más me gustaba era el Grupo ABB, en Madrid, y empecé a trabajar dentro del departamento de prevención de riesgos laborales.

La beca era de un año completo, pero como te he comentado al principio, quería probar distintos sectores y, después de unos meses, me di cuenta que no me gustaba lo suficiente como para continuar.

Por eso, decidí dejar las prácticas y embarcarme en otra aventura muy distinta.

5. Prácticas internacionales en Grecia

Por mi interés en los programas internacionales, tenía muchas ganas de trabajar dentro de la oficina Erasmus o de relaciones internacionales de alguna universidad.

Envié mi candidatura a varias universidades europeas y entre las que me aceptaron, finalmente opté por ir a Thessaloniki, Grecia, y trabajar en la Universidad de Macedonia desde marzo hasta junio de 2017.

Mis tareas principales eran dar información a los estudiantes sobre los programas de movilidad que se ofrecían, buscar ofertas de prácticas fuera de Grecia y colaborar en la gestión de solicitudes.

Además de mi trabajo, tuve tiempo para salir de fiesta, comer en las típicas tavernas (sí, con v), disfrutar de playas increíbles y hacer viajes por todo el país, junto con otros becarios y estudiantes erasmus.

uno de los mejores viajes fue The Crete Trip

De esta experiencia simplemente decir que ha sido única. La gente con la que he coincidido tanto en mis prácticas como en mi día a día, han sido gente increíble de la que he aprendido y aún continúo aprendiendo muchísimo.

En especial, de mi tutora Anna.

 

Disfrutando de un tradicional y casero "Gemistá".

6. ¿Cómo surgió Tu Informador Juvenil?

Desde que acabé la carrera en 2014 y decidí salir a explorar mundo, ya habían pasado tres años. Y, ¿qué había aprendido?

La información está muy mal distribuida y en muchas ocasiones es muy difícil acceder a ella.

Hay una enorme cantidad de programas para jóvenes tanto a nivel nacional como internacional: becas, ayudas, subvenciones, ofertas de empleo, etc.

Y, el principal motivo por el que la gente no los solicita, es el desconocimiento.

No sólo te tiene por qué gustar una cosa, no tienes que “buscar tu pasión” y quedarte ahí, te pueden gustar muchas cosas, puedes tener un trabajo a media jornada, a la vez que tienes un blog y te dedicas a dar pequeños conciertos con tu grupo de música.

O puede ser que a lo largo de tu vida “tu vocación” de repente cambie, o descubras algo que te interese más.

En mi caso, después de terminar la carrera y buscar otras opciones, tenía claro que no quería trabajar en mi sector. Descubrí otras cosas que de verdad me llenaban y en las que disfrutaba trabajando.

Me di cuenta de que me gustaba ayudar a la gente y de qué había adquirido distintas habilidades y conocimientos que podían ser muy útiles.

Muchos amigos me pedían consejo sobre cómo hacer su cv, sobre cómo podían encontrar becas, o sobre cómo afrontar una entrevista de trabajo.

Yo había invertido tres años en aprender todo esto a través de mis propias vivencias.

¿Por qué no compartir todo lo que he aprendido con el resto de la sociedad? ¿Por qué no ayudar a la gente a cumplir sus objetivos y a descubrir cómo quieren que sea su vida en el futuro?

En base a estos cuatro puntos decidí empezar mi propio proyecto, y comenzar la aventura de Tu Informador Juvenil en enero de 2018.

7. Mis planes actuales

En primer lugar estoy muy centrado en Tu Informador Juvenil, es un proyecto que he diseñado durante varios meses y con el que estoy muy ilusionado.

Confío mucho en lo que puedo ofrecerte, y esa seguridad junto con las ganas de ayudarte a cumplir tus metas, son la base de mi motivación.

También continúo trabajando de forma temporal como azafato en eventos, ya que es un trabajo muy cómodo y flexible.

Y, por último, para 2019 tengo aprobada una estancia de cuatro meses para trabajar en un hotel en Praga. Si piensas que me voy con otro programa de becas, ¡estás en lo cierto!

Después de este “pequeño” resumen de mi vida, me gustaría regalarte una frase que me ha acompañado durante todo este camino, y que sigo teniendo muy presente.

 

“La felicidad no es una estación de llegada, sino un modo de viajar” – M. Runbeck –